miércoles, 6 de enero de 2010

Fue el Elvis que cantaba en castellano

Sandro de América o simplemente Sandro, fue un émulo de Elvis Presley que en las décadas del 60 y 70 enardeció con sus sensuales movimientos a multitudes femeninas, en las que seguía despertando pasión.
Nacido en una barriada obrera de la periferia sur de Buenos Aires en 1945, el cantante se vio irresistiblemente atraído en su adolescencia por El Rey del Rock, a quien comenzó a imitar en sus provocativas sacudidas pélvicas que hacían suspirar a las muchachas y escandalizar a los grupos conservadores.
“Yo me nutrí con el rock. Gracias al rock dejé las calles, las navajas y las cadenas y agarré una guitarra. Dejé la campera de cuero y las pandillas. El rock me salvó. Me salvó de que quizá fuera un delincuente”, confesó Sandro al periodista Pipo Lernoud, autor de la Enciclopedia del Rock Nacional 30 Años.

Pura sensualidad

La sensualidad, la seducción y la lujuria fueron el sello distintivo del artista quien, en plena madurez, enfundado en una bata de seda y con una rosa roja en su mano, seguía despertando desde los escenarios, gritos exaltados de sus fieles y ya encanecidas seguidoras, a las que llamaba con cariño “mis nenas”.
“Cuando hago los movimientos sensuales en el escenario siento que abajo, en la platea, debe de haber 450.000 ratones corriendo carreras. ¿Qué miran esas chicas? ¿Qué necesidades tienen? ¿Qué vacíos? Me intrigan”, dijo en una entrevista en 2006.
“Dudo que exista un hombre más sexy que Sandro. Es sensualidad bruta, animalidad pura, mirada de macho, manos de seductor y caderas que estremecen de pensamientos lujuriosos a cualquier mujer que se detenga un instante a escucharlo y admirarlo”, intentó responder una fan chilena citada en esa nota.
También conocido como El Gitano, revolucionó el mundo del rock a comienzos de los años 60 con Sandro y los de Fuego, al atreverse a cantar en español clásicos anglosajones como The Beatles, Elvis, Paul Anka y los Rolling Stones.
“Sandro es (Carlos) Gardel porque fue lo más cercano a Elvis que dio el Sur del mundo y, para la industria de la música, porque vendió millones de discos”, escribió el periodista especializado Víctor Pintos.

El salto definitivo

El cantante abrazó después la música romántica, otra cantera con la que hizo delirar con temas como Rosa, Rosa (el más vendido de su carrera) y Quiero llenarme de Ti a millares de mujeres que hasta arrojaban su ropa interior al escenario.
En 1968 ganó por segunda vez el Festival de Viña del Mar, Chile, donde fue ovacionado, lo que le abrió las puertas de Venezuela, Colombia, Perú, Uruguay, Paraguay, Ecuador, México, Puerto Rico, Costa Rica y República Dominicana.
Su fama llegó hasta el mercado latinoamericano de Estados Unidos, donde ganó un disco de oro en 1969 y poco después se transformó en el primer artista latino en actuar en el famoso estadio del Madison Square Garden, con dos recitales frente a más de 250.000 espectadores.
A lo largo de su carrera grabó 52 álbumes, vendió ocho millones de copias y protagonizó 16 películas.
“Sandro es como un muñeco que yo inventé. Yo soy el titiritero”, se definió alguna vez el artista que mantuvo siempre un halo de misterio sobre su vida privada y devino en mito.


Fuente : www.popularonline.com.ar

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